El becerro más famoso del pueblo

Llegaron las vacaciones de Semana Santa y al pueblo.

¡Ha vuelto a nevar! Este año no para. El Viernes Santo se cuajó todo el campo en un rato. Fuimos a buscar las vacas al Arroyo Cerezo y al volver ya estaba todo blanco.

El Sábado Santo salió el sol. Los más madrugadores vieron la nieve en los tejados y en la montaña, pero yo que sinceramente no madrugué, vi un sol radiante. Nos fuimos a sacar las mismas vacas de la tarde anterior y al volver, sobre las tres de la tarde, nos asomamos a ver si había parido la “Chaparra” (otra vaca). Para nuestra sorpresa estaba de parto, ya tenía la bolsa amniótica colgando. Yo pensé que en cinco minutos saldría la cría, pero no.

parto vaca lumusin

Esa bolsa cayó al suelo y escuché como si lanzaran un cubo de agua. Llegaron las cuatro y ya me llamó mi madre para que fuera a comer que eso iba para rato. Así que me fui a tomar el potaje y a los veinte minutos ya estaba de nuevo con la vaca esperando el nacimiento. Las cinco de la tarde y nada, ya mi padre empezó a mosquearse, se acercó a la vaca que ya estaba tumbada con las pezuñas del becerro fuera y se percató de que venía de culo. Mal asunto. Empezó a tirar al ritmo de las contracciones de la vaca, pero había algo que no iba bien.

parto vaca lumusin

La vaca estaba en un prado al lado del camino de las Eras, así que poco a poco empezó a venir gente que pasaba por allí y mis primitos que llevaban esperando a que naciera el becerro toda la semana. Entre ellos acudieron los ganaderos Paco y Valentín con experiencia en partos. Estos dos ayudaron a mi padre, pero ya eran las cinco y media de la tarde y la vaca no conseguía echar el becerro ni con ayuda.

Decidimos avisar a un veterinario. Nadie contestaba. Entre fiesta que era y que en los pueblos ya no queda ganado como antes, pues ahora los veterinarios escasean. Llamamos a una clínica de Ávila, saltaba un contestador en plan “llamen a Alberto” pero sin el número de teléfono del tal Alberto como si todo el mundo lo conociera; llamamos a la de Navaluenga y nada y al final contactamos con la veterinaria de El Barraco que iba camino a otro aviso, pero menos mal que vino al parto primero. A las seis de la tarde ya venía, creo que tardaría menos de media hora en llegar, pero se me hizo eterno.

-Si se muere el becerro dentro, se hincha y hay que sacarlo a cachos.

Eso comentaban los ganaderos. Las malas experiencias vividas hacen que sean así de tajantes. Pero sí, estábamos preocupados por la vida de la cría que venía en camino.

Llegó la veterinaria

Apareció Raquel con el extractor de partos y unas cuerdas. Ataron a la vaca, le colocaron el aparato, engancharon las cuerdas a las pezuñas del becerro y comenzaron a tirar.

La vaca estaba sufriendo, estaba agotada, pero seguía apretando. Con la ayuda de este aparato, tirando, consiguieron sacarlo en pocos minutos.

¡Está vivo!

Eso grité para que me escucharan todos “los espectadores” congregados a la puerta del prado. Salió el ternero y enseguida “lo colgaron”. Es una maniobra que hacen los ganaderos cuando la cría que nace ha sufrido porque ha estado mucho tiempo de parto la vaca y han tirado de ella. Entonces cuando sale, lo cogen de las patas boca abajo para que no se ahogue ni se trague la lengua. También se le suele echar un poco de agua en la cabeza para espabilarla.

Hicimos corro alrededor del becerro, la veterinaria pinchó a la vaca, la soltaron y por fin estaban juntos madre e hijo. Despejamos la zona, aunque era todo un show. Todos los niños estaban mirando, entraron mis primillos al prado a ver al becerro.

-¿Cómo le llamamos?

-Se llamará Primo, como estamos todos los primos ya se queda bautizado en nuestro honor.

Mi primo Javi, que tiene alma de millennial, hizo un vídeo con su móvil. Lo comparto:

Al caer la noche volvimos a visitar a Primo y a su madre. Estaba agotado y todavía no había mamado así que volvimos para darle un biberón con los calostros recién sacados de la vaca. Es muy importante que las crías al nacer ingieran los calostros por su alto contenido en “bichitos buenos”, técnicamente quiere decir que “la toma del calostro es muy importante para que el ternero adquiera una cantidad suficiente de inmunoglobulinas, cuyo papel es fundamental para el sistema inmunológico del becerro, y evite problemas infecciosos. Es esencial que lo tome las primeras horas de vida ya que pasado un tiempo esas inmunoglobulinas ya no pasan la barrera intestinal.” Según las palabras de Marisol, veterinaria.

Domingo de resurrección

Al día siguiente todo el mundo nos preguntaba por el becerro. Primo seguía recibiendo las visitas de los más pequeños a las puertas del prado.

-Mamá, he visto parir a una vaca que ha echado un becerro muerto, estaban los médicos y ha resucitado.

Este era el resumen de Carla, la hija de Sonia.

-Mi hija ha mezclado toda la Semana Santa…

Lunes negro

Ya en Madrid llamé a mi madre para preguntar por cómo había pasado la noche Primo y si ya mamaba solo. Qué disgusto porque al llegar a darle el biberón a primera hora de la mañana, mi madre se encontró a la “Chaparra” muerta. Qué dolor, se me puso la carne de gallina. No me lo podía creer, después de superar el parto tan largo la vaca había fallecido por una hemorragia. Pobre Primo, se quedaba huérfano y dependiente del ser humano. ¡Qué delgada línea hay entre la muerte y la vida! Una profunda tristeza se apoderó de mí, recordé la película de Bambi cuando pierde a su madre. Una historia tan cruel como la vida misma, pero estoy segura de que Primo crecerá sano y fuerte, porque esto sin duda le ha hecho más valiente (sin que sea consciente de ello).

2 comentarios sobre “El becerro más famoso del pueblo

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