Mala buena suerte en el parto de la vaca Calzada

Llevaba sin ir al pueblo prácticamente un mes. Hasta la gente me preguntaba que qué pasaba con el blog, que no publicaba nada y yo “tranquilos, que tengo dos post en la recámara que pronto podréis leer”. Pero los acontecimientos me han adelantado y otra gran aventura me ha vuelto a pasar en Navandrinal.

Excursión a Navarredonda de Gredos

Como bien decía, ya hacía bastante que no iba al pueblo y aprovechando que el 9 de noviembre es festivo en Madrid, nos fuimos al pueblo. El sábado mi hermana Marisol (veterinaria) tenía que hacer una guardia y David y yo le acompañamos a Navarredonda de Gredos y así hacíamos un poco de turismo rural mientras ella realizaba una inspección sanitaria.

 

Mini road trip por la provincia de Ávila

Recorrimos en coche los siguientes pueblos: San Juan del Molinillo, Navarredondilla, Navalacruz, Cepeda de la Mora, Garganta del Villar, San Martín de la Vega del Alberche, Barajas, Navarredonda de Gredos, San Martín del Pimpollar, La Venta del Obispo y vuelta por Navalacruz, Navarredondilla y San Juan del Molinillo. Navarredonda me pareció muy bonito y tiene de todo: farmacia, colegio, caja de ahorros, residencia de la tercera edad, biblioteca, carnicerías, bares, tiendas… Un pueblazo en comparación con el nuestro. Y entre Barajas y este pueblo estuvimos viendo unas vacas berrendas como las que a mí me gustan.

Vacas Berrendas

Está de parto una vaca y viene de culo

Ya de vuelta se le encendió una luz al coche. Marisol llamó al del taller y le dijo que echara aceite “10 40”. Como os he comentado, Navarredonda es un un pueblazo y menos mal que había una gasolinera y lo pudo comprar allí. Teníamos pensado parar en algún bar para tomar el aperitivo cuando de pronto me llama mi madre por teléfono:

-¿Por dónde vais?

-Saliendo de Navarredonda de Gredos.

-Por si podéis venir ya que está una vaca de parto en los Altaeros y dice papá que viene de culo.

Pues eso, que ni aperitivo ni leches. Llegamos a casa a las dos, nos cambiamos rápidamente e hicimos unas mochilas con “material para el parto” como son trapos, aceite, cuerdas, gasas, pinzas, guantes, etc. Yo mientras piqué un poco de queso y al partirme un poco de lomo me corté el dedo pulgar, fui al coche “sangrando” taponando la pequeña herida con un papel pues ni me paré a buscar una tirita. Ya estaba esperando Manolo para ir con nosotros, mi padre dio una voz para que nos diéramos prisa y Manolo se metió en el maletero directamente con el hierro extractor para partos. Yo me puse delante y Marisol y David uno a cada lado del hierro que cruzaba el coche. Teníamos que ir hasta la pradera de las Cervigueras en coche y andar casi 2 km hasta el prado de los Altaeros.

Atacados por los mastines

Al bajar al puente de la Garganta nos atacaron los tres mastines y dos chuchos de Adolfo, que van con las cabras, y aunque me parece bien que las defiendan y que vayan con ellas, me parece fatal lo violentos que son y sobre todo que se quieran comer a mi perro. Menos mal que Rubio, al que ya he hecho referencia otras veces como al cagón de Scooby-Doo, corre mucho y pudo escapar. Aún así, tuvimos que parar el coche y salirnos a darles cuatro voces y a tirarles un canto para que no se acercasen a nosotros y nos dejasen en paz. Creo que cuando vieron salir a Manolo del maletero pensaron que teníamos refuerzos y se piraron.

La llegada al prado

Dejamos el coche en las Cervigueras, allí ya estaban preparados para acompañarnos Valentín y Paco. Hay que andar una tiradilla hasta el prado y encima la vaca estaba a la otra punta, en lo más alto. La llevaron a una zona más llana al lado de un árbol para poder atarla. Marisol se puso los guantes y procedió a hacer el primer diagnóstico. Confirmó que la cría venía de culo. Enseguida la colocó de la mejor forma posible para extraerla; ató las cuerdas a las patas y éstas a un palo para que pudieran tirar a la vez del becerro. Valentín, Paco, Manolo, mi padre y Marisol tirando y la cría no salía.

Pincha en la foto si quieres verlas en grande en la galería.

En una de estas escuché un  “crack”, pensé que se había roto el palo, pero en realidad era el ruido del cuerno roto de la vaca saliendo por los aires. En ese momento los nervios y la impotencia de no poder hacer nada por el dolor y sufrimiento de la vaca se apoderaron de mí  y casi me pongo a llorar. Menos mal que alguien me mandó a por agua y me fui con una cacharra de 5 litros al otro lado del prado donde había una charca para que bebieran las vacas, y del hilillo de agua casi llené la garrafa. Mientras, escuchaba el ruido de la palanca que va en el extractor para partos, pues se lo tuvieron que poner ya que tirando del palo no salía.

-¡Está vivo!

Aventuras en Navandri

Escuché a mi hermana gritar “está vivo, hay que ponerlo boca abajo” y salí disparada con el agua. Cuando llegué ella ya le estaba soplando en las orejas y limpiándole la boca. Valentín, Paco, Manolo y David colgaron al becerro boca abajo y le echaron el agua en la cabeza para espabilarle. La vaca estaba exhausta y aún así, en cuanto dejaron al becerro en el suelo, se acercó para lamerle.

Todos estaban agotados de la tensión y del esfuerzo físico, a lo bobo habían pasado dos horas desde que nos dirigimos hacia el prado. Valentín puso una venda en los cuernos de la vaca para cortar la hemorragia. Recogimos las cosas y nos fuimos a comer. Llamé a mi madre para darle la buena noticia.

– Si queréis me quedo mientras con la vaca.-  Dijo Valentín que ya había comido.

-No hace falta, en un rato volvemos. – Dijo mi padre.

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Llegamos a casa a las cuatro y pico, yo ya muertica de hambre, comimos rápido porque había que volver a la vaca y en esta época del año los días son más cortos y anochece muy pronto. Mi padre fue a llevar unas chotas al lado de las Eras y ya fuimos con él David, mi hermana y yo a ver la vaca.

La vaca tenía un prolapso uterino

Llegamos tan contentos al prado cuando nos encontramos a la pobre vaca con todo el útero fuera, como decimos en el pueblo, se le había salido la madre.

– Olivia, llama a Pablillo que venga y vete al coche a por los guantes.- Dijo mi hermana.

Llamé a mi madre también para que avisara a Paco y a Valentín y que trajeran trapos, jabón y aceite. Fui corriendo montaña abajo hasta el coche que estaba en las Cervigueras. Al volver ya no podía correr cuesta arriba, fui andando lo más rápido posible, ya casi no se veía pues estaba anocheciendo. Había una luz muy peculiar, a pesar de que estaba nublado, yo creo que los bastones de mis ojos (estudiados en Teoría de la Imagen con Alfeo) se pusieron a trabajar y mi imaginación también, pensando que una nave espacial iba iluminando mi camino con una luz naranja.

Al llegar al prado ya estaban Pablillo, Paco y Valentín que vinieron con linternas. Mi hermana había colocado una sábana debajo del útero. Lo estuvo lavando y cuando lo dejó limpio se dispuso a introducirlo en la vaca que estaba tumbada con la cabeza hacia abajo. Paco sujetaba con una cuerda la cabeza de la vaca, yo alumbraba con una mano y con la otra sujetaba el rabo. Nunca imaginé el esfuerzo físico que hay que hacer para introducir tal inmenso útero de nuevo en la vaca. Prometo que vi a mi hermana hasta el hombro metida en la vaca, a Pablillo hasta el codo y todos ayudando. La vaca hacía fuerza y hubo un momento en que se empezó a hinchar, su tripa parecía un enorme balón de pilates.

-Marisol, la vaca se muere.- Dijo Paco muy asustado.

Paco se asustó y yo también porque vimos a la vaca fatal ya con el ojo blanco.

-Olivia, da a la vaca en el lomo y en la tripa.

Tuve que dar a la vaca en la zona de la tripa para que no se hinchara y no hiciera fuerza mientras le estaban metiendo el útero. Hubo un momento muy delicado cuando la vaca dejó caer la cabeza al suelo y le vimos el párpado blanco en vez de los ojos. Paco y yo pensamos en lo peor. Gracias a la Naturaleza, a San Antonio bendito (como dicen en el pueblo) o a lo que sea, consiguieron introducirle y colocarle el útero y la vaca dejó de hacer fuerza y toda la tripa enorme redonda que tenía le bajó de volumen.

Hay que coser a la vaca y no tenemos hilo

Ante un prolapso uterino hay que dar unos puntos para que el útero no se vuelva a salir. Nos faltaba el hilo. Yo ya me veía otra vez montaña abajo hasta el coche para ir a casa a por ello y vuelta… menos mal que Pablillo llevaba una cuerda fina y resistente de la obra para sujetarse los pantalones impermeables. Marisol la desinfectó y procedió a dar los puntos oportunos iluminada por las linternas. Todos respiramos aliviados. Mi padre ordeñó a la vaca, que a pesar de todo el sufrimiento se portó como una auténtica santa. No he visto vaca más buena en mi vida y si no os recuerdo aquella que casi nos cornea después de parir. Pues esta vaca, que por cierto, se llama “Calzá”, es una bendita que se dejó ordeñar y dimos los calostros en un botellín con tetina al becerro, bautizado por mi madre con el nombre de Paquito, en honor a Paco ya que fue al primero que llamó para pedir ayuda.

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Los cotiledones del útero bovino

Ya por la noche en casa, nos estuvo explicando mi hermana, que el prolapso uterino es cuando se sale el útero de manera inversa. Hay varios factores, entre ellos se debe al tamaño de la cría, que en este caso era un becerro inmenso y a la vaca primeriza. Una curiosidad que aprendí es que en los úteros de las vacas hay como unas bolas (que me llamaron la atención al verlas fuera de la vaca) y son los cotiledones. Marisol nos dio una auténtica clase magistral de gestación bovina, recuerdo que nos habló de que hay dos cuernos de gestación dentro de la vaca y en el que se queda el feto, en el útero aparecen los cotiledones que son los responsables de hacer el intercambio nutricional sanguíneo y gaseoso entre la vaca y la cría. El becerro está guardadito en la placenta y cuando nace hay que esperar a que la vaca expulse la placenta, lo que en el pueblo todos entendemos como “las pares”. Que en este caso estaban liadas al útero y a los cotiledones de la vaca y menos mal que se separaron solas antes de meterle el útero.

¿Por qué mala buena suerte?

Haciendo referencia al título de una performance del artista plástico Abajo Izquierdo, al final, ese día tuvimos muy mala suerte y muy buena. Es decir, mala suerte con que se encendiera la luz del coche, buena suerte porque se encendió donde había una gasolinera. Mala suerte por la complicación del parto, muy buena suerte de que estuviera Marisol y no tuviésemos que llamar a un veterinario, de que estuvieran disponibles Paco, Valentín y Manolo. Mala suerte de que se saliera el útero, buena suerte de que se le pudieron meter y que Pablillo tuviera una cuerda de la obra “para atarse bien los pantalones”. Muy buena suerte.

La mañana siguiente

A la mañana siguiente madrugamos para llegar al prado lo antes posible. Madre e hijo estaban bien.

3 comentarios sobre “Mala buena suerte en el parto de la vaca Calzada

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