La que lié con la cordera

El viernes pasado me decidí a abrir la cuenta de Aventuras en Navandri en Instagram. El sábado salí al campo con la idea de capturar imágenes bonitas para alimentar este perfil. Me fui con mi padre que estaba con las vacas por el campo y por el camino me encontré a las adorables ovejas de Pauli y Juan. Nunca mejor dicho, estaban “de foto” en el prado con Guay cuidándolas. Guay es el que yo nombro “perrillo guardián” y cuando le llamo siempre viene a saludar, pero es una perra, así que tengo que empezar a llamarla “perrilla guardián”.

ovejas y perro

¿A que son preciosas? Pero estaban un poco lejos y mi objetivo no daba para más. Así que decidí acercarme. Llegué hasta la pared de piedra del prado, y aún así, veía un poco lejos a las ovejas para hacer la foto. Tuve la genial idea de entrar al prado, “si total, Guay ya me conoce, no se va a asustar,” pensé.

¿Pero para qué te metes en el prado? ¡Deja a las ovejas tranquilas!

Eso me dijo mi padre que estaba fuera cuidando a las vacas. Y yo le dije que iba a hacer unas fotos. Poco a poco me fui acercando, vino Guay a saludarme y la estuve acariciando un rato porque es preciosa y super cariñosa. Es muy trabajadora y cuida muy bien a las ovejas, como dicen en el pueblo “parece que tiene conocimiento” y las pastorea. Las ovejas la obedecen. De hecho cuando me iba acercando la miraban como preguntando qué tenían qué hacer.

ovejas y perro

Pero la sesión de fotos imaginada duró poco, vamos que ni llegó a existir. Guay al ver a Rubio se fue corriendo a proteger a su rebaño, Rubio fue detrás, los perros empezaron a correr, las ovejas también; Guay detrás de ellas, Rubio detrás de Guay, las ovejas detrás de Rubio, todos corriendo dando vueltas por el prado hasta que una se salió del cercado de un salto abriendo la puerta y todas salieron detrás a toda velocidad. Guay y Rubio también, y yo corriendo dando voces a Rubio para que no fuera… ¡La había liado muy gorda!

No quedaba ni una oveja en el prado y no podía detenerlas. Corrí rápido, pero ellas volaban. Hasta que después de la carrera me encuentro a un “corderito” desorientado que se mete en un cercado con alambres y yo llamándole:

-Corderito, corderito…

Y el “corderito” flipando y con un miedo que le hacía huir hacia arriba del cercado y yo pensando en cómo entrar entre las alambres. Esto es en la montaña donde está el camino que sube a la sierra. Os pongo una foto con esquema a lo cutre para que os hagáis una idea de cuando digo que el “corderito” iba subiendo, es que era una cuesta arriba con pendiente de la buena. El camino que recorrieron las ovejas, Guay y Rubio es el azul, el que recorrimos el “corderito” y yo es el rojo. Siendo la flecha roja la nave de Prude.

Yo le veía cada vez más cerca, pero seguía subiendo la montaña y yo detrás, con la lengua fuera, llamándole y nada. Al llegar a la zona del barranco de arena le perdí el rastro. ¡Qué miedo pasé solo de pensar que ya no le volvía a ver! No sabía si había ido a derecha o a izquierda o si se había ido hacia el camino de la sierra. Menos mal que apareció al lado de unas lanchas, me acerqué y el “corderito” quería subirlas y se resbalaba. Así que pensé, “esta es la mía: a la que se vuelva a resbalar le cojo en brazos.” Dejé el palo en el suelo y allá que fui a por todas, pero nada, salió pitando. Le tuve cerca, pero seguimos la persecución. A la media hora llegamos por encima de la nave de Prude y ya escuché a Pauli que iba de camino al prado, empecé a dar voces para que me viera. Hablaba con Pablillo que estaba en su pajar y le llamé al móvil para que dijera a Pauli que estaba con el “corderito” por arriba de la nave de Prude y que no le podía agarrar, que le dijera que viniera a ayudarme. Menos mal que por fin se quedó parado mi nuevo amigo encima de una piedra mientras venía  Pauli a socorrerme.

cordero montaña

Seguíamos detrás de la nave de Prude y mientras subía Pauli me preguntaba si estaban los mastines. Como no habían vuelto las cabras, solo había uno al que me había camelado silbándole y llamándole “titi” de forma amigable. Aunque de vez en cuando ladraba que daba miedo. Ya he contado en este blog alguno de sus “ataques” hacia Rubio, y es que esos perros tienen muy mala leche. El caso es que antes de que llegase Pauli a donde estábamos llegaron las cabras por el camino de la sierra y con ellas los mastines. Pauli tenía miedo y yo más, por los perros y por si me echaba la bronca por desperdigar sus ovejas. Pero aguantamos el tipo.

-¿Dónde está la cordera que vienen los mastines?

-Está encima de una piedra. Llamala que a ti te conoce.

Entonces mi cabeza hizo click. El “corderito” no me había hecho ni caso en todo el camino porque claro, es una cordera y yo le estaba llamando ¡”Corderito”! Cuando llegó Pauli se bajó de la piedra, pero como empezaron a ladrar los mastines se asustó y siguió caminando. En ese momento vi a Manolo al lado de las Piedras Brujas jugando al golf, ¡qué alegría me dio! Sí, al golf, en el pueblo somos así…  Empecé a llamarle a voces pero no me hizo ni caso, le llamé al móvil, le expliqué la situación y le dije que viniera por favor pues tenía que ayudarnos a recuperar la cordera.

Pauli y yo continuamos detrás de la cordera, regañando a los mastines para que no se acercaran a la pequeña oveja. Seguimos en la lucha hasta el depósito del agua, donde ya estaba Manolo para echarnos una mano. Con la suerte de que todas las cabras fueron corriendo hacia ese punto a beber agua, y claro, la cordera las vio y se metió entre ellas. Uno de los mastines se puso como loco a ladrarla.

-Manolo, a ti que te conocen los perros, métete entre las cabras y coge la cordera.

Dijo Pauli preocupada temiendo por la vida de la cordera, pues como la mordiese el perro, de un bocado, hubiera desaparecido. Entonces Manolo, con su palo de golf y cargado de valor, se metió sin dudarlo entre las cabras a rescatar al animalito indefenso. Se acercó sigilosamente y se tiró para cogerla. ¡La operación rescate fue un éxito gracias a Manolo!

Manolo entregó la cordera a Pauli que la cogió en brazos. Me fui con ella hasta su pajar y le pedí disculpas por meterme en su prado a ver y a hacer fotos a sus ovejas. Moraleja: no os metáis en prados que no sean vuestros, que se puede liar una muy gorda. Menos mal que la cordera está sana y salva.

De camino al pajar le dije a Pauli que me dejara llevar a la corderita un rato, y así ahora puedo presumir de que llevé a esta adorable cordera entre mis brazos con todo el cariño del mundo e intentado trasmitirla mis disculpas por el mal rato que la había hecho pasar. Pauli abrió la telera y yo la dejé en el suelo para que fuera al calor de su mamá.

¡Fin de la aventura en Navandrinal!

P.D.: Quiero agradecer a Pauli su simpatía y comprensión, que es otra persona y me estruja por hacer que se salieran las ovejas del prado. De hecho, me dijo mi madre que cuando se lo contó mi padre le dijo que era para darme un castañazo, que a quién se le ocurre meterse en el prado a hacer fotos a las ovejas. ¿A quién se le iba a ocurrir?

 

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