Gracias por tu sonrisa, Pablo

Si eres de Navandri, estoy segura de que Pablo alguna vez te invitó a subir en la burra.
¿Quieres montar en la burra? ¡Monta en la burra!
2005
Recuerdo a Pablo con cariño y con esa sonrisa que le caracterizaba ya que siempre la llevaba puesta. Daba igual el día que fuera, él siempre estaba feliz yendo a sus burras, o al menos eso es lo que transmitía. Todos los niños querían ir con Pablo, pues siempre invitaba a dar un paseo en la burra. Y cuando hablo de “Aventuras en Navandri” es porque realmente, para un niño (y algunos no tan niños), montar en burro es una auténtica hazaña. Por eso Pablo es protagonista de este blog ya que ha contribuido a estas aventuras en nuestro pueblo. Siempre le decíamos “tienes que ponerte en el mercadillo en agosto y cobras 3€ por cada paseo en la burra, ya verás cómo te forras”. Este año llegó el mercadillo medieval y fue inevitable no acordarme de él.

 

Pablo septiembre 2015
Pablo y Cirila fueron un matrimonio moderno para su época: ella mayor que él tres años y no se casaron a la edad de los veinte como se estilaba entonces, sino a los treinta y tantos.
Fueron valientes y llegaron a París para trabajar y prosperar. Allí nació su primer hijo, de hecho este año Pablillo ya ha cumplido los cincuenta, y a los pocos años regresaron al pueblo y nació Marisa, su hija.

 

Pablo, Pablillo y Cirila enero 2018
Pablo trabajó en las obras, luego compró vacas y después burros. Todavía me acuerdo de su burra blanca. Cirila, como la mayoría de las mujeres de su quinta, trabajaba dentro y fuera de casa, atendiendo a los animales y yendo al huerto. En los últimos años, cuando iba a comprar a la tienda, mi tía Tere le llamaba la “Sofía Loren de Navandrinal” pues siempre ha sido muy guapa.

 

Cirila 2005

Pablo siempre ha sido un hombre muy servicial como dicen en el pueblo. Le recuerdo en casa ayudando en la matanza, cuando había que sanear las vacas o sacando las patatas del huerto. También vienen a mi memoria los ratos que pasaba en casa de mis tíos Emilio y Jacinta, jugando a las cartas con ellos y con Margarita. Las tardes de invierno se pasaban volando al lado del brasero echando la partida y riendo. Y en verano pues salíamos a la puerta en la calle. También le recuerdo en el huerto de El Carril entre los fréjoles altos o ayudando a mis tíos Esteban y Julia cuando traían las cabras o las llevaban del pueblo a San Martín de Valdeiglesias. La verdad es que Pablo siempre se ha llevado muy bien con mi familia, y es que somos familia pues mi padre y él son primos de hermanos.

Foto de Marisol López

Al echar la vista atrás, “Picardías” está en las fotos que hay por mi casa. Sale en los primeros carretes que tiraba, en mis primeras cámaras digitales y hasta ahora. He recuperado estas fotografías donde sale con Charli en 2003, quién nos iba a decir que los dos nos dejarían tan de repente y tan seguidos. Fue un auténtico shock para todos los vecinos.

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Por los buenos momentos vividos, Pablo, gracias por tu sonrisa.

4 comentarios sobre “Gracias por tu sonrisa, Pablo

  1. precioso recuerdo a Pablo que era un hombre amable y servicial, y a Charli, los dos se fueron sin avisar y rápido, pero quedaran en el recuerdo de los que les hemos conocido para siempre

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