Esperanza y Edward, confinados en el pueblo por sorpresa

(English summary below.)

Pasar el confinamiento en el pueblo ha sido muy diferente a pasarlo en la ciudad. Muy distinto a los que lo hemos vivido en el centro de una gran ciudad, con todas la tonterías esas como las de agotar el papel del wc… Volver a Navandrinal, a pesar del virus, nos ha permitido hablar con la gente, preguntarles por cómo lo han vivido ellos, qué sensaciones tuvieron. 

Da la casualidad que en septiembre, paseando por el camino de la Llaná, nos encontramos con dos navandrileñas: Marisol (Gero y Luis) y Esperanza (Martín y Virginia ). Marisol me preguntó que si conocía a Esperanza, y la verdad es que de vista no tenía ni idea de quién era. Me empezó a decir que había pasado el confinamiento aquí en el pueblo con su amigo inglés, y ya caí. Claro que la conocía de oídas, de las conversaciones con mis padres: “Se han quedado en el pueblo muchos matrimonios… Está una hija de Martín, estará con su marido, habla inglés…”. Ya sabéis que en el pueblo si estás soltera y te ven con un hombre, es tu novio o tu marido, por decreto. 

El caso es que me pareció una auténtica aventura en Navandri, sobre todo, imagino, para el inglés. ¡Quedarse en un mini pueblo cuatro meses! Así que quedamos una tarde para charlar y hacerle una especie de entrevista para el blog. La idea era que me contara su experiencia, pero al estar con Esperanza y Marisol, surgieron muchos más temas. No tienen nada que ver con el confinamiento en el pueblo, pero no he querido pasarlos por alto. ¡Empezamos!

Las primeras fiestas del pueblo en agosto.

Prácticamente habían pasado veinte años desde la última vez que Esperanza pisó el pueblo. Me pareció muy raro, porque los del pueblo como que somos muy fans y no tardamos tanto en volver a casa. Nos dice que sí solía venir en verano cuando era joven. Recuerda las primeras fiestas del pueblo en agosto que fueron en la plaza de la carretera que era de arena. Sería en 1976 o 1977 e hicieron una plazoleta con carros y trajeron una vaquilla que se escapó. Luego dejó de venir hasta un fin de semana, el de las fiestas, del año 2000 y hasta este año no volvió.

Antes de preguntar a Esperanza por su confinamiento en el pueblo con su amigo inglés, me puede la curiosidad, y tanto a ella como a Marisol les planteo la siguiente reflexión. Yo les veo como mujeres independientes que han sido capaz de desarrollar una carrera profesional y compatibilizarla con una familia. Me da la sensación de que las mujeres más mayores del pueblo no tuvieron esa oportunidad ya que debían trabajar en el campo y en casa las que estaban aquí, y las que fueron a la ciudad eran amas de casa. Otras mujeres más jóvenes sí que trabajaron fuera de casa y me da la sensación de que la generación de Esperanza y Marisol, las mujeres del pueblo que hoy tienen entre 55 y 65 años, ya algunas tuvieron acceso a la Universidad, a aprender un oficio y a desarrollarse profesionalmente. Realmente les veo como las primeras mujeres independientes y les pido su opinión.

Esperanza es clara a lo que tú llamas mujer independiente, yo lo llamo esclava. Es decir, en mi generación teníamos que trabajar fuera de casa, teníamos que criar a los hijos si había, teníamos que cuidar a nuestro marido y llevar el peso de la casa. No teníamos ningún reconocimiento extra por ello. No veo ninguna liberación ahí; hasta he sentido envidia por la señora que está casada y que no trabaja y que lo único que tiene que hacer es la comida a su marido y ocuparse de las tareas porque realmente tenía todo el día libre. Yo he tenido amigas de mi edad que no trabajaban y cuando dejábamos a las niñas en el colegio, mientras yo me iba al trabajo, ellas se iban a tomar un café, después al gimnasio o de compras cuando el marido no iba a comer y no tenían más trabajo que volver a recoger a la niña después del cole. Para mí eso sí era libertad. Mi jornada terminaba a las ocho y llegaba a casa, bañaba a la niña, preparaba la cena, la acostaba, preparaba el uniforme… para mí eso era esclavitud.”

Realmente este tema da para un nuevo post en el blog porque es una visión muy interesante sobre los roles desempeñados por hombres y mujeres. “La generación que viene después de la mía -continúa Esperanza- el hombre tenía más participación en la casa y todo era un poco compartido, pero en mi generación al hombre se le liberaba del trabajo del hogar y se esperaba que lo hiciera la mujer. Teníamos que trabajar porque necesitábamos dinero, pero seguíamos trabajando en casa.”

Esperanza nos dice que su generación pasó del Franquismo a la Democracia. Que pasaron de no tener nada de libertad a tener libertinaje y no estaban preparados. Se copiaban modas de otros países como comprarse una casa, el coche, el coche para la mujer, la casa para el fin de semana o en la playa. Y claro, había que pagarlo.

La Movida Navandrileña

Siguiendo el hilo de la conversación, la pregunta es casi inevitable para mí. ¿Recuerdas la Movida Madrileña? “Yo tenía entre 15 y 16 años y claro que lo recuerdo. Pasamos de un Madrid provinciano, donde ibas sola al colegio, no habías tenido ningún percance, quitando la violencia de ETA  poniendo bombas a distro y siniestro; a robos, droga a tutiplén, grupos de pijos que se juntaban para violar a la niñas a la salida del instituto en el centro de Madrid. Empezaron a morir los amigos, accidentes de coche, droga otra vez. Y yo venía al pueblo y veía aquí un poquito de lo que había en Madrid (asiente Marisol también) y me preguntaba, ¿cuál es el detonante común para que mis amigos se estén muriendo? Porque se estaban muriendo y se morían los mejores, no los que iban de chulos, los buenos chicos, los normales sin ningún tipo de problema. Hubo un cambio abismal, se truncaron muchísimas vidas.”

Esperanza y Marisol recuerdan el Madrid de mediados de los ochenta y el miedo que se pasaba por Gran Vía, Malasaña… con jeringuillas por el suelo. “Fue un cambio bestial, de poder salir por la noche sin miedo a un terror absoluto. A volver por la noche y que te dijeran que te voy a pinchar, no te amenazaban con una navaja, sino con una jeringuilla infectada de SIDA.” 

Seguimos charlando sobre la situación de aquella época en Madrid y claro, tenía que preguntarles sí o sí por si recuerdan algún concierto de la Movida Madrileña. Aquí contesta Marisol: “¿te acuerdas cuando estuvimos juntas un fin de año en un concierto con Almodóvar? ¿Te acuerdas? Fuimos con Camelia a ver a un grupo que cantaba con Almodóvar.” Esto sí que sí da para un gran post sobre las navandrileñas en los conciertos de la Movida.

Te enseño Castilla y tú me enseñas Escocia

El 28 de febrero de 2020, Esperanza recogió a su amigo en el aeropuerto. Venía desde Inglaterra para conocer “Castilla”. Iban a ver Toledo, Segovia, Ávila… Visitaron Ávila, a Edward le pareció maravilloso,  y Virginia, la madre de Esperanza, le dijo que ya que estaban ahí, que fueran a dar una vuelta a la casa del pueblo. Empezaron a escuchar las noticias y las que llegaban desde el Reino Unido sobre la situación por la COVID-19 y el 14 de marzo se decretó el Estado de Alarma en España. 

-Se están poniendo las cosas serias, ¿quieres adelantar tu vuelo?

– Soy un ciudadano inglés, no creo que sea necesario.

Esperanza decidió quedarse en el pueblo ya que si se iba a Almería, donde ella reside, no iba a poder volver y al fin y al cabo, su familia está en Madrid. Nunca imaginamos que el confinamiento iba a durar tanto…. Ella y su amigo estuvieron en Navandrinal cuatro meses. Al principio, la gente del pueblo pensó que eran okupas.

-Who is she?

-Santa Gema. Mi madre la tiene por toda la casa pero no es mi tía, ni mi abuela. Es una santa.

La primera semana y sin Internet

Recordad cómo ha sido la convivencia con vuestros seres queridos durante el confinamiento, imagino que algún roce habrá habido. Y ahora poneros en situación, imaginad que os toca con prácticamente un desconocido y sin Internet. Lo primero que hizo Esperanza fue gestionar la conexión a Internet.

-Señorita, o me ponen Internet, o mato a la persona que tengo al lado.

Menos mal que le pusieron conexión a Internet, que lo que nos faltaba en el pueblo, un muerto inglés… Esperanza siempre viaja con dos portátiles, nos dice que es deformación profesional, dejó uno a Edward y otro para ella. También compró una Smart TV y ya tuvieron acceso a Netflix, Amazon Prime, etc. 

¿Cómo era el día a día?

“Siempre nos estábamos peleando. Somos absolutamente opuestos, si él dice montaña, yo digo mar. Los primeros días fueron muy difíciles. Tuvimos que hacer un pacto. ¡Ya quisiera yo ver al Gobierno actuando así! Eso sí que fue auténtica política. Repartimos la extensión de la casa para que cada uno tuviera su espacio. Lo primero y más importante definir un sofá para cada uno. El cuarto de baño grande para mí, el pequeño para él. Un dormitorio para cada uno y la cocina mi territorio. Volvemos un poco a como tenía que ser la vida antes de que nos engañaran a las mujeres de mi generación con lo de ser libres. Él hacía la chimenea, hacía fuego, cortaba madera, de nuevo trabajo de hombre; y yo cocinaba. No le mandaba ir a cazar vacas, porque ya era demasiado, pero sí le mandaba al supermercado de Tere y Juan.”

La barrera del idioma no fue un problema. Comenta mi tío Juan que Edward llegaba a la tienda con su lista de la compra en un papel y que iba cogiendo de las estanterías lo que le apetecía. “La lista era lo que yo necesitaba. Y el resto es todo lo que él comía.” Esperanza nos comenta que Edward seguía una dieta muy inglesa con muchos dulces. Tuvo que renunciar al té inglés, pues aquí solo había de una marca que no le gustaba y al agua con gas. No obstante Edward se hacía una buena mezcla con el agua de la fuente y gaseosa La Casera, muy del pueblo. 

-Where is my tea, my dear?

-Aquí pone hojas de sen… 

Viajar con una maleta hecha para 2 semanas

Llegaron con una maleta llena de ropa de invierno pero solo para unos días. En el pueblo pasaron toda la primavera y algunos días de verano. Esperanza no tuvo problema, rebuscó por los armarios de la casa que están llenos de ropa y rescató algún que otro look de su juventud. “Podía parecer un payaso vestida, pero yo no tenía problema”.

Edward sí tuvo más inconvenientes, apenas tenía ropa y mide 1,86 m y pesaba 109 kg (adelgazó diez kilos en el pueblo).

-Vamos, las medidas de cualquiera del pueblo con lo altos que somos… (Irónica yo)

-Cualquiera le podía prestar un pantalón. (Irónica Esperanza). Había momentos muy graciosos porque no tenía qué ponerse.

Las compras por Internet, la salvación

Pues sí navandrilovers, Amazon viene hasta aquí. “Un servicio de lujo que nos llegó de todo, desde una televisión android hasta una plataforma vibratoria para hacer ejercicio.” Esperanza hasta se compró semillas de pimientos de padrón que le llegaron desde Galicia y otras plantas que cultivó y cosechó. Hasta yo he podido probar el resultado.

El mejor amigo de Edward: Patrick, el burro que tiene Benito

Una mañana Esperanza vio a su amigo hablar con el burro de Benito: “Eso sí que me impactó bastante. Ahí ya sí que me preocupé un poco, sobre todo cuando el burro le contestó también y dije ‘va a tener razón lo que dice el burro’ “. (Risas) Incluso Edward hablando por teléfono con un amigo con la ventana abierta, inmiscuidos en una pequeña discusión, se escuchó al burro, y el amigo pensó que Edward le estaba vacilando al decirle que había contestado el burro, que él no había sido. 

La angustia de no poder coger un avión para volver a casa

La Embajada Inglesa no hacía caso para nada, llamaban por teléfono y nadie contestaba. “Era una situación rocambolesca que no hubiera vuelos”. De hecho Edward compró varios vuelos y cuando se acercaba la fecha los cancelaban. El último que compró, el quinto, fue para viajar a Dublín y desde allí a su ciudad. Eso fue el 28 de junio.

Con la excepción del agobio que tenía por no poder volver a su casa, y porque necesitaba medicación, que era complicado conseguirla, Edward vivió la situación en el pueblo muy feliz. “Él se enamoró del sitio, del aire. Por la mañana cogía un bastón y se iba al monte cuando se pudo”.

¿Qué es lo que más te ha impactado de pasar este tiempo en el pueblo?

“La gente. Nadie me conocía y menos cuando vas con una mascarilla y que han pasado veinte años sin venir, pero la poca gente que te cruzabas era amable, te saludaba, como que se preocupaba. Te encontrabas muy segura. Lo más positivo ha sido la seguridad y la gente. A lo mejor no es real, pero lo que yo percibía era que todos estábamos en el mismo barco y que nos protegíamos los unos a los otros. Ha sido mucho más fácil esto que lo que podéis haber pasado en pueblos más grandes o en la ciudad. Aquí no ha faltado de nada. Hemos comido lo que hemos querido, yo personalmente que compraba aquí y no había ninguna estantería vacía.”

-¿Qué es lo que más has echado de menos?

-¡El Telepizza!

Muchas gracias Esperanza por contarnos tu experiencia en Aventuras en Navandri. Si quieres dejarnos un mensaje…

-Navandrinal es un pueblo maravilloso. Ha cambiado muchísimo en estos veinte años y ha sido para bien. 

Qué recuerdos me trae el confinamiento, como esta canción de Lauren Moon y que por aquel entonces le dije que la compartiría en mi blog y parece que ha llegado el momento. Fue fácil estar en casa a la vez que muy difícil. 

Adventures in Navandri try to describe the situations that happens in our village, Navandrinal, a tiny town with a hundred inhabitants. In this post, I will show you the experience of our neighbour Esperanza, who came back to town after twenty years, and his friend Edward, an English citizen. They entered Navandrinal in March, at the beginning of the lockdown, and, unexpectedly, they had to remain here for four months.

Despite the anxiety Edward experienced for not being able to come back home, he felt really happy here. He made a new friend, Benito’s donkey, named “Patrick” by our English visitor, who used to communicate with it each time they saw each other.

When it comes to his daily chores, Edward used to go, with his shopping list translated to Spanish, to the  Juan & Tere supermarket. My uncle Juan attended him by taking the list to try to fulfill his requests. Edward had to adapt himself to our shopping habits. He had to give up English tea, as it wasn’t available in the store. In addition, there wasn’t sparkling water, but he tried to mix soda “La Casera” with water to get a similar taste.

Among his rural duties, he used to cut wood for the fireplace, and when it was possible, he went for a hike through the mountain.

Esperanza and Edward were here for four months, with the only clothes contained in a suitcase prepared for two weeks. 

Edward couldn’t catch a flight to go home, as the English Embassy didn’t pick the phone up to help him. What is more, he bought five airline tickets and all the flights were canceled. He could come back in June, with a stopover flight via Dublin.

In spite of all the complications, Edward was so pleased by his adventure in Navandrinal that he wants to come back with his son. We are looking forward to meeting him, having the oportunity to ask him about his Navandri experience, his contact with our nature, and all the details about how he lived the lockdown in our town. Cause, as my dear Laureen Moon say in her song: “It´s easy to stay at home”, although it was a little weird in this case.

Revisión texto en inglés P.M.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s