La vuelta al pueblo de tres jóvenes gracias al teletrabajo

La actual crisis sanitaria que estamos viviendo en todo el mundo ha cambiado nuestras vidas, nuestras costumbres y ha puesto en alza el mundo rural. Yo no me creía que esto iba tan en serio hasta que suspendieron las fiestas del pueblo. ¡Es broma!

Es un hecho que muchos de los pueblos de España han aumentado su padrón municipal. Tras el confinamiento en la ciudad, mucha gente ha decidido cambiar su lugar de residencia, y han optado por trasladarla a un pueblo. Hace unos días en las noticias de Castilla y Léon nos informaban del incremento del 27,4 % en la compraventa de viviendas. Ya en agosto se vio un cambio en la tendencia en el mercado inmobiliario apostando por las residencias en zonas rurales tras el confinamiento. Según un informe de Idealista, en la provincia de Ávila, seis de cada diez búsquedas de inmuebles en venta se hicieron en municipios del medio rural.

A los datos me remito, incluso nuestro municipio, San Juan del Molinillo, ha incrementado su padrón tras el confinamiento. Ni más ni menos que veinte personas se han empadronado después del confinamiento que comenzó en marzo. En este post nos centramos en unos cuantos jóvenes, empadronados en Navandrinal, que han decidido quedarse en el pueblo más allá del verano.

Durante esta crisis sanitaria, la forma de trabajar se ha visto afectada. El famoso teletrabajo, prácticamente impuesto al principio del Estado de Alarma en marzo de 2020, continúa en algunas empresas. Esto hace que el trabajador tenga mayor libertad a la hora de establecer su lugar de residencia ya que no depende de ir a un lugar físico para desempeñar su labor.

Desde finales de junio son muchos los navandrileños que han estado teletrabajando en el pueblo a pesar de su mejorable conexión a Internet. Jean Louis, Carlos, Fermín, Sofía, son algunos de los que me acuerdo aunque seguro que me faltan nombres. Dani (Martín y María del Carmen ), Bruno (Paloma y Daniel), y Olivia (Fabiana y Demetrio) son jóvenes que todavía están aquí y han decidido quedarse en el pueblo mientras están teletrabajando. Han cambiado Madrid por Navandrinal y comparten con nosotros su experiencia.

Jóvenes de Navandrinal teletrabajo
Bruno, Olivia y Daniel. Noviembre 2020  © Aventuras en Navandri.

¿Por qué te has quedado en el pueblo?

Dani: Me quedé aquí por la calidad de vida y la cercanía de la gente del pueblo.
Es como si fuésemos una familia. Te hace falta algo, sabes que la gente que lo tiene te lo va a dar.
Por ejemplo, unos huevos, aunque estemos ahora viviendo en el pueblo, no tenemos gallinas, pues
la gente que tiene, te lo dice si quieres. No tienes ni que preguntar. Es una maravilla, la generosidad
que tiene la gente de pueblo. Nada que ver con la amargura que hay en la ciudad.
En ciudad estamos todos amargados y con prisa. Aquí siempre hay tiempo para hacer todo.

Olivia: Bueno, digamos que todavía no he asimilado que me he quedado en el pueblo. Recuerdo perfectamente el día que volví tras el confinamiento. Fue el último jueves del mes de junio; llegué por la tarde y ya en la carretera me encontré con mis padres que terminaban de recoger heno del prado Segundo. El viernes probé la conexión a Internet y funcionaba perfectamente para poder desempeñar mi trabajo. Era verano y quedarse, frente al calorazo que hace en Madrid, era el mejor plan. Además, eran los días largos y recuerdo que terminaba de trabajar, descansaba un rato y cuando bajaba el calor, sobre las seis y media o siete, me iba con mis padres a recoger heno o a hacer alpacas hasta que se hacía de noche. En agosto estaban mis amigos, tuve vacaciones y fenomenal. Lo duro fue en septiembre que ya me planteé volver a Madrid o quedarme en Navandrinal. Fui unos días a la capital y la vi desolada, no la reconocía, si volvía no podía llevar a cabo la vida que tenía antes de marzo. Entonces fue ahí cuando decidí quedarme en el pueblo. Pregunté a Bruno que si se iba a quedar en octubre, que aunque no le viera mucho iba a ser mi apoyo moral (risas). En fin, que me he quedado por la tranquilidad que hay aquí al estar en medio de la naturaleza.

Bruno: Empecé en marzo a teletrabajar. Estaba en Madrid, como es una ciudad cara, vivía en un piso compartido con siete compañeros en una habitación pequeña. Pasé tres meses así, no me quiero quejar porque ha sido un momento complicado para todo el mundo, pero no lo he vivido súper bien. Como tenía que seguir con el teletrabajo decidí poner Internet aquí para venirme al pueblo.

Llegué un fin de semana en junio pensando quedarme pero no habían puesto la conexión. En el pueblo pides Internet y no van a instalártelo ni el mismo día, ni el mismo mes. Eso sí, recuerdo el primer fin de semana que vine al pueblo después del confinamiento y sentí mucha alegría, mucha libertad comparado con Madrid que estás muy asfixiado.

Bruno ha nacido y vivido en París, ha estado en Sevilla dos años, medio año en Salamanca y un par de meses sin confinar en Madrid, porque durante el confinamiento no cuenta. Está acostumbrado a vivir en grandes ciudades, ¿te resulta extraño llevar ya medio año en el pueblo?

Bruno: No sé si puedo decir que he vivido en Madrid porque he vivido en un piso sobre todo, pero comparado con vivir en un ciudad, en el pueblo hay mucha tranquilidad. Durante el verano estaban mis padres, estaba mi familia, pero ahora estoy solo y nadie me puede molestar (es broma mamá). Es verdad, que las cosas buenas de la ciudad, sobre todo cuando estaba en Sevilla y en Salamanca, estaba rodeado de amigos y todos los días conociendo gente nueva, visitando la ciudad y haciendo un montón de cosas diferentes. En Madrid tuve menos tiempo porque estaba trabajando y al principio tuve problemas para encontrar piso. Cuando ya lo encontré me confinaron y menos mal que estaba con compañeros con los que me llevaba súper bien. En el pueblo me siento mucho mejor. Además, este año siguen aquí los de mi peña. Veo gente, pero también hay mucha tranquilidad. Nada de estrés, nada de prisas y eso me gusta.

Bruno, 24.  “El de Paloma”. Grado de ADE en la Universidad de la Sorbonne en París, Erasmus y Máster de Marketing Digital y Social Media en Sevilla. Trabaja en una empresa de publicidad y en una de las cuentas publica en francés. © Aventuras en Navandri.

¿Qué es lo que más echas de menos?

Dani: Lo que más echo de menos al vivir en el pueblo, pues digamos que la comodidad de mi piso
(calefacción central, televisión grande, Internet con velocidad) pero cuando llevas tiempo en el
pueblo te das cuenta que es algo superfluo, que no se necesita para estar a gusto. Todo es culpa de
la sociedad consumista en la que estamos, porque nos enseñaron así. También echo de menos poder ver a mis amigos de Madrid, pero habrá tiempo de vernos cuando todo esto haya pasado.

Bruno: Lo que más echo de menos de la ciudad es ir al cine porque soy un fanático del cine. Cuando estaba en París iba cada semana, luego un poco menos y en Madrid iba con mi primo Dani. En esta época del año echo de menos el sol. Nunca he estado en noviembre en el pueblo y hay un cambio de temperatura y de tiempo brutal comparado con el verano. Hay que poner mucho la calefacción y no estoy acostumbrado a tener frío aquí.

Olivia: A nivel material, en cuanto a tiendas y eso, prácticamente nada. Te das cuenta de que no necesitas consumir para vivir feliz. Echo de menos los conciertos, la música en directo, ir con mis amigos o ver a mis colegas encima de un escenario y sobre todo hacer fotos en conciertos. La vida cultural y social sí que me falta aquí, pero es que ahora prácticamente no hay conciertos y me duele mucho por toda la gente que conozco que se dedica a ello. Echo de menos a mi vecina Olga que es lo más, los paseos con Rebeca como si fuéramos de tripi viendo flores y conejos por la Casa de Campo, las salidas a exposiciones con Carolina y Jesús… Ir a la biblioteca de vez en cuando, perderme allí aunque no lea ni la mitad de libros que saco.

Daniel, 37. Dani “Martín”, el nieto de Agapito y Lorenza. Nació en París y a los 20 años se vino a vivir a España. En concreto a Móstoles. El “Bronx” para los madrileños. Trabaja en una empresa que da tarjetas de crédito en Bélgica. Desempeña su labor hablando en francés con los clientes.  © Aventuras en Navandri.

¿Qué es lo que más te gusta del teletrabajo y lo que menos?

Dani: Lo que más me gusta del teletrabajo es lo tarde que me levanto comparado a cuando tengo que ir a la oficina. En teletrabajo me despierto 30 minutos antes. Si tengo que ir a la oficina, pues hora y media antes. Parece que no, pero hay diferencia. Y lo mejor es por la tarde, cuando acabo mi jornada ya estoy en casa, por si tengo que hacer cosas de casa (por ejemplo: limpiar, recoger, fregar etc.) o puedo ir a comprar directamente, no volver del trabajo e ir hacer la compra. O sentarme en el sofá a ver un poco la televisión, hacer deporte, ir a pasear … Lo que menos me gusta, pues no ver a mis compañeros del curro. Al final se les coge cariño.

Olivia: Lo que más que gusta de teletrabajar en el pueblo es el silencio, en la oficina había muchísimo ruido. Hace años cuando era autónoma ya estuve trabajando desde casa, así que no me ha costado adaptarme. También valoro el no tener que coger el metro para ir al curro, el agobio de ir con prisas y que se pare, que tarde un montón o que vaya lleno de gente, eso es un alivio.

Bruno: Lo que más me gusta es la comodidad, puedes trabajar con los pies sobre la mesa y una bolsa enorme de doritos entre las piernas. Luego lo más importante es el tiempo que te ahorras al día en los transportes para ir y volver. Lo que menos, pues en verdad me cuesta encontrar un punto negativo… Tal vez cuando hay mini conflictos o dudas, prefiero resolver todo en persona, es raro por llamada y horrible por mensaje pero es lo que hay. Luego pasa muy poco, estoy en un buen ambiente de trabajo.

Olivia, 32. Nació en Ávila, vivió en Navandrinal hasta los 18 años cuando se fue a Madrid para estudiar Comunicación Audiovisual (UCM) y un Máster de Radio (URJC). Actualmente trabaja en una empresa de telemarketing.  © Aventuras en Navandri.

¿Qué es lo que más valoras de estar en el pueblo?

Dani: La sensación de libertad. Poder salir de casa y salir a pasear, sin aglomeraciones de gente.
Poder salir y poder hablar con cualquier vecino, es algo que se agradece también al vivir solo.
Y, como dije antes, la ayuda que te dan los vecinos si la necesitas.

Bruno: Tengo suerte de que mis padres hayan hecho una casa hace poco y es una casa grande muy cómoda. Además no tengo vecinos y puedo poner la nueva música de C. Tangana a tope (risas). Tenía dos opciones o volver a París con mis padres o estar en el pueblo. Sabiendo que tendré que volver a Madrid en algún momento, estando en el pueblo estoy más cerca.

Olivia: La tranquilidad de estar con mis padres y que ellos estén bien. El silencio, el poder abrir la ventana y escuchar a los pajarillos y a los diferentes animales. El poder salir a pasear sin mascarilla porque en el campo no te encuentras a nadie y es seguro. Y sobre todo la gente de aquí que cuando nos vemos nos ponemos a charlar y hay confianza, somos como una gran familia.

¿Cómo ha sido trabajar en verano?

Dani: Yo empecé a teletrabajar desde aquí en septiembre, así que no te puedo decir.

Bruno: Un poco raro. Pero bueno, el verano ha sido raro también así que no me he perdido las fiestas del pueblo ya que no ha habido. Es verdad que todos mis amigos hacían un montón de cosas, pero como acababa por la tarde podía ir. Iba medio muerto porque me levantaba a las siete y ellos a lo mejor a la una de la tarde.

Olivia: Había días en que estaban tus colegas de vacaciones y tú tenías que currar al día siguiente, pero lo he llevado bien. Quitando una noche que los vecinos se pusieron a tocar y a cantar la ronda a la una de la mañana y yo me cabreé con ellos, pero no por el ruido, sino porque iban desacompasados y no la cantaban bien (risas). Y bueno, otra noche se oía a gente cantando y tocando la guitarra, creo que fue Jean Louis, también a las tantas. El verano lo he llevado bien, al principio en julio, terminaba de trabajar y casi todas la tardes me iba con mis padres al heno. Aquí en el pueblo vamos al ritmo del horario que nos impone la luz solar. Ahora que anochece antes, a las seis y media ya estamos en casa.

Bruno: Me acuerdo de esa noche que mi familia estaba cantando la ronda y era muy tarde y no me dejaban irme a casa. Todo el mundo se ha quejado, yo incluso. Además, ese día hubo gente que me despertó a las cinco de la mañana porque estaban haciendo una fiesta con la música en el coche y ahí me sentí muy abuelo quejándome de los jóvenes haciendo fiestas en el pueblo.

© Aventuras en Navandri.

¿Qué haces en tu tiempo libre?

Dani: Los que me conocen saben que voy todas las tardes a dar paseos y tal (risas).
Pues estar en casa, ver series y películas. Y también jugar a un juego que me enseñó Chus que se
llama Carcassonne. Solemos quedar todos o casi todos los días con Mónica, Luis, Dani (José Luis)
para jugar. Es la excusa perfecta para vernos y hablar un poco de nuestro día entre risas y bromas.

Bruno: A veces voy a jugar al pádel, a pasear con Olivia y a veces se me ocurren ideas tontas como cuando hice un Monopoly del pueblo, el Navandripoly, y me salió genial, tanto que la gente me lo quiere comprar. Por cierto, Olivia ganó la primera partida.

©Bruno

Olivia: En mi tiempo libre si es necesario acompaño a mis padres a las vacas o al campo. A veces voy a sacar a Rubio, mi perro, y en algunas ocasiones voy con Bruno a ver a Petunia, Pelusilla, Arcoiris, Mozarella, Pantxineta y Minette Bowie, son los gatos (risas). Me gusta pasear y hacer fotos. Estoy alucinando con los colores que nos está regalando este otoño en el pueblo y cómo cambia la luz respecto a la que había en verano. A veces escribo en mi blog e intento hacer algo de ejercicio, no con toda la constancia que debería. Ah, y ganar al Navandrilopy a todos los del Pelotazo.

¿Cómo es tu día a día en Navandrinal?

Dani: Es una pregunta un poco personal, ¿no? (Risas). Me suelo despertar sobre las ocho y media. Me levanto, tomo mi desayuno, y a las nueve empiezo a trabajar. A media mañana cojo mi pausa. A la una es mi hora de comida. Y vuelvo al trabajo a las dos. A media tarde, otro descanso y acabo mi jornada laboral a las seis. Después suelo recoger un poco la casa y tal. Y como comenté antes, quedar con el equipo del Carcassonne. Cenar, ver una película y a dormir. Tarde como siempre, pero como ya dije, en Navandrinal siempre hay tiempo para todo. Hasta para ir a la cama (risas).

Bruno: Me levanto a las siete y cuarto, me preparo, pongo el café. Me conecto a las ocho, hacemos una reunión por videollamada y empiezo a trabajar. Tengo una hora para comer y termino sobre las seis porque hay mucho trabajo ahora. Antes, después de trabajar iba a jugar al pádel con Iván, Luis y Javi. Últimamente no vamos porque hace mal tiempo e Iván se fue. También salgo a pasear con mi primo Sergio y con Olivia. Vuelvo a casa, hago la cena, miro una película y a dormir.

Olivia: Me levanto a las ocho y media, abro la ventana y respiro hondo. Me preparo un buen desayuno con café con leche y tostadas, a veces con confitura de mi tía Agustina o de mi madre de moras y frutas del pueblo, y otras veces con jamón serrano y aceite de oliva. Me conecto a las diez y termino a las cuatro de trabajar. Ahora que son los días cortos, intento salir a dar un paseo al terminar. Vuelvo a casa al anochecer, tomo una infusión y un cachito de chocolate con mis padres, y tres tardes como mínimo tengo clase online.

En el tema económico, ¿has notado el ahorro?

Dani: Pues si te digo la verdad, creo que sí. Pero tampoco es algo que hizo decidirme para venir al pueblo para teletrabajar. Y ahora sí que ahorro ya que los bares están cerrados (risas).

Bruno: Un alquiler en Madrid es muy caro. Aquí me lo ahorro porque de momento mis padres no me hacen pagar el alquiler (risas). Estando solo en una casa hay más facturas que compartiendo piso, pero estoy ahorrando más dinero viviendo aquí.

Olivia: Pues mira, con decirte que en octubre fui a pagar un curso de copy creativo con la tarjeta y me di cuenta de que estaba caducada desde septiembre y todavía no me ha llegado y ni la he echado de menos… Es cierto que aquí los gastos se reducen, no voy a conciertos ni a exposiciones, no hay tiendas así que no tienes impulsos consumistas. Y ahora que han cerrado los bares, pues ni gastos en botellines (risas). Siempre hay que pagar unas facturas fijas, pero gracias al estar aquí con mis padres, que tampoco me cobran alquiler, puedo ahorrar. Es curioso, pero no echo nada de menos “ir de tiendas”, aquí tengo un montón de ropa vintage de mis hermanas. Abrir un armario es como entrar a una tienda (risas).

Noviembre 2020 © Aventuras en Navandri.

Para terminar, ¿Cuáles son vuestras sensaciones generales?

Dani: De momento mis sensaciones son geniales. Estar en el pueblo es como dar un paso al “pasado” pero necesario para crecer como persona. Recomiendo a toda la gente que pueda hacerlo que lo haga. Uno conoce facetas propias que no piensa que uno tiene. Ahora disfruto más de cualquier cosa. No sé cómo explicarlo. Pero los que ya tuvieron esta experiencia saben de lo que hablo. Y para terminar, decir que es un orgullo y un placer poder salir en el blog de Aventuras en Navandri. ¡Un sueño realizado! Para todo lo que queráis, me podéis encontrar en el pueblo. Para cualquier cosa no dudéis en preguntarme.

Olivia: En general son sensaciones positivas. Ha habido días de desesperación en plan “¡Necesito socializar ya! ¿Qué hago quedándome en el pueblo?”. Eso fue más en septiembre, al ver que toda la gente se iba, que se acababa el verano. Desde que han cambiado la hora también he notado un cambio en mi actitud. Recuerdo un viernes que terminé de trabajar un poco contrariada y me fui a dar una vuelta un poco rayada. Me metí por unas callejas y al ver el agua correr, los colores del otoño y todo el campo a mi alrededor, me detuve y pensé que por ahora este es el mejor lugar donde puedo estar. Como que algo dentro de mí conectó con la naturaleza. Como dice Dani, aquí es el lugar ideal para el autoconocimiento, para crecer y desarrollarnos física (con tanta cuesta, montaña para arriba, collado para abajo) y mentalmente. Es una sensación de tomar consciencia de lo grande que es el pueblo y su gente, con lo pequeño que es. Y de lo afortunados que somos ya que de momento ha habido muy pocos casos del virus.

Bruno: Me siento mucho mejor viviendo en el pueblo que en Madrid. No sé si sería por Madrid, por la situación o porque echo de menos mi vida de estudiante, que puede ser un combo de todo. En el pueblo me siento bien, relajado, menos estresado que cuando estaba en una ciudad grande. Estoy muy orgulloso de salir en Aventuras en Navandri, pero mi madre lo va a estar más al descubrir el post.

Los tres coinciden en que se quedarán en el pueblo mientras puedan seguir teletrabajando. Les gustaría que la conexión a Internet fuera mejor, como dice Bruno: Para la gente que quiera venir a teletrabajar al pueblo, a Movistar hay que llamarles todos los días y presionarles porque tardaron un mes y medio en ponerme Internet. Ponen una 4G que a mí me va bien para las descargas, pero la subida va muy lento. A la hora de subir un informe, cuando los adjunto en el email, tarda media hora, tengo que contar con que se va a enviar después. A mí me va bien, a veces cuando hay tormentas a lo mejor se va la antena y se corta Internet. Si te pilla en una reunión de trabajo pues te cae una bronca, pero no puedes hacer nada y pasa muy pocas veces.

Y tú, ¿te vendrías a teletrabajar al pueblo?

4 comentarios sobre “La vuelta al pueblo de tres jóvenes gracias al teletrabajo

  1. Orgullosa y con lágrimas en los ojos de leerte Aventuras en Navandri. Lágrimas
    de alegría al saber que estáis contentos y bien aunque reconozco que a uno de esos pajarillos que se han quedado en teletrabajo le echo mucho de menos, pero sé que está bien y que le gusta su trabajo y mi pueblo y eso es lo que cuenta para mí ❤

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